En las primeras décadas del siglo XXI, la relación entre adolescencia y tecnología ha sido una de las más transformadoras y complejas en términos sociales, emocionales y educativos. Las y los adolescentes, nativos digitales por excelencia, no solo crecieron rodeados de dispositivos inteligentes, sino que también han desarrollado una identidad profundamente entrelazada con el entorno digital. Esta generación navega cotidianamente entre redes sociales, algoritmos de recomendación, videojuegos en línea y plataformas educativas automatizadas, al tiempo que enfrenta nuevos riesgos asociados a la hiperconectividad, la desinformación y la sobreexposición. En este contexto, la tecnología no puede entenderse únicamente como una herramienta, sino como un espacio de socialización, expresión y construcción del yo.
El presente artículo tiene como objetivo analizar tres tendencias tecnológicas que, en el transcurso de 2025, han transformado de manera significativa la vida de los adolescentes: la omnipresencia de la inteligencia artificial en plataformas digitales, la expansión de experiencias en realidad virtual dentro de redes sociales, y el auge de prácticas de autorregulación digital impulsadas por los propios jóvenes. A través del estudio de estas tres dinámicas, se busca comprender no solo los cambios en el comportamiento adolescente, sino también las oportunidades y desafíos que estas transformaciones representan para su salud mental, su bienestar emocional y su desarrollo integral.
Desde la Fundación FEPROPAZ, comprometida con la educación transformadora, la ecodigitalidad y la protección de los derechos digitales de niños, niñas y adolescentes, este análisis parte de una mirada crítica e interdisciplinaria. Nuestro enfoque articula cuatro dimensiones clave: la promoción de la salud mental frente a los entornos digitales; la formación ética y consciente para un uso responsable de la tecnología; la sostenibilidad en el ecosistema digital (ecodigitalidad); y la defensa activa de los derechos de las infancias y adolescencias en el entorno virtual. Este artículo se inscribe, por tanto, en nuestra misión institucional de acompañar a las juventudes en el desarrollo de una ciudadanía digital activa, crítica y resiliente frente a los avances tecnológicos contemporáneos.
Tendencias tecnológicas
1.1. Inteligencia Artificial en plataformas juveniles
Durante 2025, la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en el motor central de las plataformas más utilizadas por adolescentes. Aplicaciones como TikTok, YouTube, Instagram, Snapchat, Discord y hasta motores de búsqueda como Google han integrado sistemas algorítmicos que aprenden del comportamiento de sus usuarios para ofrecer contenido altamente personalizado, automatizar interacciones, generar textos, imágenes o videos, y anticipar necesidades de consumo digital. Esta integración ha redefinido no solo los hábitos de uso de las plataformas, sino también la forma en que los adolescentes acceden al conocimiento, se entretienen y construyen su identidad social.
Uno de los efectos más visibles de esta transformación es la capacidad de la IA para capturar la atención de los usuarios a través de sistemas de recomendación cada vez más precisos. Los algoritmos analizan patrones de conducta —como el tiempo de visualización, los «likes», los comentarios o las búsquedas anteriores— para crear una experiencia digital personalizada que, si bien resulta eficiente, puede reforzar cámaras de eco y limitar la exposición a visiones diversas del mundo. Además, herramientas como ChatGPT, Dall-E o Character.AI han ganado popularidad entre adolescentes como medios de exploración creativa y afectiva, aunque no están exentas de controversias. En algunos casos, se han documentado interacciones problemáticas o incluso peligrosas con bots generativos, lo que ha abierto debates éticos y legales sobre los límites de la IA en contextos juveniles (Psychology Today, 2025).
Los riesgos asociados al uso intensivo de inteligencia artificial por parte de adolescentes no son menores. La sobreexposición a contenidos hiperpersonalizados puede reforzar sesgos cognitivos, erosionar la capacidad crítica y generar dependencia algorítmica en la toma de decisiones. La desinformación automatizada, la dificultad para distinguir entre contenido humano y generado por IA, y la escasa regulación sobre cómo se recopilan y utilizan los datos de menores de edad son desafíos urgentes que requieren atención multidisciplinaria. Como señala un informe reciente de Pew Research (2024), la mayoría de los adolescentes no son plenamente conscientes del funcionamiento de los algoritmos que median su experiencia digital, lo que los deja en una posición vulnerable ante manipulaciones informativas o afectivas.
Sin embargo, si se gestiona con una perspectiva crítica y pedagógica, la inteligencia artificial también puede convertirse en una poderosa aliada educativa. Su uso en plataformas interactivas puede favorecer procesos de aprendizaje personalizados, motivar la creatividad y facilitar el acceso a recursos didácticos adaptados a diferentes estilos cognitivos. La clave está en promover una alfabetización digital profunda que no solo enseñe a usar la tecnología, sino a comprender cómo funciona, quién la diseña, con qué propósitos y qué implicaciones tiene su uso cotidiano.
Desde la Fundación FEPROPAZ, consideramos urgente acompañar estos cambios mediante estrategias integrales que incluyan:
- programas de formación en pensamiento crítico algorítmico y ética digital,
- campañas de sensibilización sobre privacidad, protección de datos y consentimiento informado en entornos digitales,
- y espacios seguros donde adolescentes puedan debatir y reflexionar sobre su relación con la inteligencia artificial y sus derechos como ciudadanos digitales.
En un entorno donde los algoritmos tienen cada vez más poder para moldear comportamientos, creencias y emociones, educar en conciencia tecnológica no es una opción: es una responsabilidad ética ineludible.
1.2. Realidad virtual inmersiva en redes sociales
En 2025, la realidad virtual (VR, por sus siglas en inglés) ha comenzado a consolidarse como una nueva capa de interacción digital en la vida de los adolescentes. Si bien la realidad virtual ha existido por décadas, su masificación y convergencia con las redes sociales han marcado un punto de inflexión: la transición desde plataformas 2D centradas en pantallas hacia entornos tridimensionales interactivos. Plataformas como Horizon Worlds (Meta), Roblox VR, VRChat y versiones inmersivas de Discord o TikTok están redefiniendo la manera en que los jóvenes se conectan, juegan, aprenden y se expresan.
Este cambio ha transformado profundamente la forma de socializar. Los adolescentes ya no solo escriben, graban o comparten contenido en pantallas planas: ahora “habitan” entornos digitales donde pueden moverse, explorar espacios, crear avatares personalizados y participar en experiencias compartidas en tiempo real. Estas interacciones inmersivas generan un mayor sentido de presencia y conexión emocional, lo que ha llevado a algunos expertos a hablar de un nuevo tipo de intimidad digital. Además, se observa una creciente migración de experiencias educativas hacia entornos virtuales, donde las clases, talleres o laboratorios pueden desarrollarse mediante simulaciones en 3D, potenciando el aprendizaje experiencial y la participación activa (Arxiv.org, 2025).
No obstante, esta virtualización de la vida social también plantea riesgos significativos, especialmente desde el punto de vista psicoemocional. La inmersión prolongada en entornos virtuales puede favorecer procesos de evasión de la realidad, afectar la construcción de la identidad y debilitar el vínculo con el entorno físico y comunitario. En adolescentes con dificultades emocionales, los mundos virtuales pueden convertirse en refugios que refuercen el aislamiento o la desconexión afectiva. Asimismo, la despersonalización, el uso de avatares irreales y la exposición a dinámicas sociales artificiales plantean desafíos para la salud mental y el desarrollo de la empatía. A esto se suman vacíos normativos respecto a la protección de derechos en entornos VR, donde las fronteras entre lo privado y lo público, lo real y lo simulado, se vuelven cada vez más difusas.
A pesar de estos desafíos, la realidad virtual ofrece un potencial educativo y socioemocional enorme si se implementa con intención pedagógica, ética y participativa. Experiencias inmersivas pueden ser diseñadas para fomentar la empatía, el trabajo colaborativo, la resolución de conflictos y el aprendizaje emocional. Por ejemplo, simular la vida de una persona migrante, vivir una jornada escolar en otra cultura, o explorar el impacto del cambio climático en un ecosistema pueden ser ejercicios poderosos para ampliar la perspectiva de los y las adolescentes y fortalecer su conciencia social.
Desde la Fundación FEPROPAZ, proponemos que la realidad virtual no sea concebida exclusivamente como herramienta de entretenimiento, sino como un recurso formativo que puede potenciar la imaginación, la empatía y el pensamiento crítico. Para ello, promovemos:
- el desarrollo de contenidos educativos y psicoemocionales en entornos VR,
- la formación de docentes y facilitadores en el uso consciente y seguro de estas tecnologías,
- y la construcción de entornos virtuales éticos, inclusivos y culturalmente contextualizados donde los adolescentes puedan explorar y aprender sin perder el vínculo con su entorno real.
En una época donde la frontera entre lo real y lo virtual se vuelve cada vez más tenue, es fundamental acompañar a las nuevas generaciones en la construcción de una presencia digital con sentido, propósito y humanidad.
1.3. Autogestión digital: adolescentes que ponen límites
Uno de los fenómenos más significativos —y menos esperados— del panorama digital en 2025 es el surgimiento de una tendencia de autorregulación digital promovida por los propios adolescentes. A diferencia de discursos anteriores centrados en la dependencia excesiva de las pantallas y la intervención adulta para limitar el uso de dispositivos, hoy se observa un cambio de dirección: muchos jóvenes están tomando la iniciativa de reducir voluntariamente el tiempo que pasan frente a sus teléfonos, desinstalar aplicaciones de redes sociales, silenciar notificaciones o establecer períodos de descanso digital.
Estudios recientes, como el informe publicado por Internet Matters y citado en The Guardian (julio de 2025), revelan que un 40 % de adolescentes entre 12 y 17 años ha adoptado prácticas de pausa digital por iniciativa propia, frente a un 22 % en 2022. Entre las motivaciones más frecuentes se encuentran el deseo de mejorar su salud mental, la necesidad de concentración en los estudios o simplemente el reconocimiento de que el uso excesivo del smartphone estaba afectando sus emociones y relaciones. Esta tendencia representa un cambio cualitativo en la forma en que los adolescentes interactúan con la tecnología: ya no desde una posición de consumo pasivo, sino desde una actitud crítica y consciente.
Este fenómeno puede interpretarse como una forma de autocuidado frente a la saturación tecnológica. En un mundo hiperconectado, donde las notificaciones son constantes y el contenido es inagotable, detenerse se convierte en un acto de resistencia y de recuperación del control personal. La autogestión digital también refleja un nivel creciente de madurez emocional y una mayor conciencia de los propios límites, lo cual constituye un indicador de resiliencia digital. En muchos casos, estas decisiones no surgen de prohibiciones ni imposiciones externas, sino de experiencias personales, conversaciones entre pares y un deseo genuino de bienestar.
Sin embargo, esta tendencia no está exenta de desafíos. Existe el riesgo de que la autorregulación digital se convierta en una moda superficial promovida en redes como un nuevo “estilo de vida” o que se transforme en una forma de comparación social más (“quién es más disciplinado con las pantallas”). También es posible que algunos adolescentes adopten estas prácticas de forma intermitente o sin herramientas reales para sostenerlas a largo plazo. Por tanto, el reto no es solo fomentar la pausa digital, sino dotar a los jóvenes de habilidades, espacios de reflexión y acompañamiento estructurado para que puedan mantener una relación sana y sostenible con la tecnología.
Desde la perspectiva de la Fundación FEPROPAZ, este es un momento clave para reforzar las capacidades de los adolescentes en torno al autocuidado digital. Acompañar este proceso implica:
- desarrollar talleres sobre gestión del tiempo en entornos digitales,
- fomentar espacios donde los adolescentes puedan compartir experiencias y estrategias de desconexión saludable,
- y construir una narrativa que valore la pausa no como abstinencia tecnológica, sino como un derecho al descanso, al silencio y a la reconexión con uno mismo y con el entorno.
Además, es importante que las familias, docentes y cuidadores no interpreten esta tendencia como una señal de alarma o como un simple cambio de hábitos, sino como una oportunidad para apoyar la autonomía digital de las nuevas generaciones. En un ecosistema donde la conexión permanente es la norma, aprender a desconectarse de forma consciente es, sin duda, una forma profunda de libertad.
Análisis transversal
Al observar las tres tendencias tecnológicas analizadas —la integración de inteligencia artificial en plataformas juveniles, la expansión de experiencias inmersivas mediante realidad virtual y la autogestión digital por parte de los adolescentes— emergen una serie de patrones comunes que permiten comprender con mayor profundidad el contexto actual de las juventudes y los desafíos que enfrentan tanto a nivel personal como social.
Puntos en común entre las tres tendencias
En primer lugar, las tres dinámicas reflejan un proceso creciente de tecnologización de la experiencia adolescente. Ya sea a través de algoritmos que curan el contenido consumido, entornos virtuales que sustituyen la interacción presencial o decisiones conscientes de desconexión, la vida emocional, social y cognitiva de los adolescentes está profundamente mediada por la tecnología. Lejos de ser receptores pasivos, los jóvenes participan activamente en la configuración de estas experiencias digitales.
En segundo lugar, se identifican tensiones entre los riesgos y las oportunidades que ofrece el entorno digital. Por un lado, encontramos desafíos como la sobreexposición a contenido no regulado, la erosión del pensamiento crítico o la desconexión del mundo físico. Por otro lado, surgen posibilidades para el aprendizaje experiencial, la expresión creativa, el fortalecimiento de la empatía y la construcción de una ciudadanía digital consciente. Esta dualidad evidencia la necesidad de marcos de acción flexibles pero firmes, que no satanicen ni idealicen la tecnología, sino que permitan a los adolescentes usarla con autonomía, criterio y bienestar.
En tercer lugar, estas tendencias ponen de relieve el valor de la agencia adolescente: los y las jóvenes están tomando decisiones sobre cómo interactuar con la tecnología, cómo proteger su salud mental y cómo equilibrar su tiempo. Este protagonismo, a menudo invisibilizado en los debates públicos, es una señal poderosa de madurez digital y debe ser reconocido, potenciado y acompañado.
¿Qué nos dice esto sobre los adolescentes actuales?
Los adolescentes de 2025 no son ingenuos digitales ni simplemente adictos a la pantalla: son navegantes de un entorno hipercomplejo que están tratando de comprender y modelar según sus propios valores, límites y necesidades. Son usuarios activos de tecnologías emergentes, pero también críticos frente a sus efectos. En muchos casos, se muestran más conscientes del impacto de la tecnología en su bienestar que generaciones adultas que crecieron sin estos entornos digitales.
Este perfil generacional nos muestra una juventud que:
- busca herramientas para proteger su salud mental y emocional;
- demanda experiencias digitales significativas, no solo entretenimiento;
- es capaz de ejercer formas de autocontrol y autorregulación frente al consumo tecnológico;
- y está abierta al diálogo, al aprendizaje y a la experimentación con nuevas formas de conectarse con el mundo.
Implicaciones para organizaciones educativas, familias y formuladores de política pública
Estos hallazgos plantean desafíos urgentes para los distintos actores involucrados en el bienestar adolescente:
- Organizaciones educativas: deben actualizar sus modelos pedagógicos para integrar la alfabetización digital crítica, el uso ético de la inteligencia artificial, y estrategias de desconexión saludable como parte del currículo. La educación digital no puede seguir siendo periférica.
- Familias: necesitan asumir un rol activo en la formación tecnológica de sus hijos e hijas, no desde la vigilancia punitiva, sino desde la escucha, la confianza y el acompañamiento emocional. El diálogo intergeneracional es clave para construir acuerdos sobre el uso de pantallas y redes.
- Formuladores de política pública: deben diseñar marcos normativos que protejan los derechos digitales de niñas, niños y adolescentes, incluyendo la regulación de plataformas, la protección de datos personales, y el acceso equitativo a tecnologías educativas seguras y significativas.
Recomendaciones generales desde la Fundación FEPROPAZ
Desde nuestra experiencia en el trabajo con adolescentes en contextos digitales, proponemos las siguientes recomendaciones:
- Fomentar la educación en ciudadanía digital desde edades tempranas, con enfoque en ética tecnológica, salud mental y uso responsable de la IA.
- Incluir la ecodigitalidad como eje transversal en programas escolares y comunitarios, promoviendo un uso de la tecnología que sea sostenible, consciente y respetuoso con el entorno.
- Crear espacios de diálogo intergeneracional y participación adolescente en la construcción de políticas públicas digitales.
- Desarrollar campañas pedagógicas y artísticas que usen las propias plataformas juveniles para promover la autorregulación, el pensamiento crítico y la empatía en entornos virtuales.
- Apoyar iniciativas de investigación participativa donde adolescentes y jóvenes coexaminen el impacto de la tecnología en sus vidas y propongan soluciones desde su perspectiva.
En síntesis, las tres tendencias analizadas no solo muestran cómo la tecnología transforma la vida adolescente, sino cómo los propios adolescentes están transformando la forma en que entendemos, usamos y regulamos la tecnología. Reconocer su agencia y acompañar sus procesos es el camino hacia una convivencia digital más justa, crítica y humanizante.
Conclusión
El análisis de las tres tendencias tecnológicas predominantes en la vida adolescente durante el año 2025 —la omnipresencia de la inteligencia artificial en plataformas digitales, la creciente inmersión en entornos de realidad virtual, y el auge de la autogestión digital— permite identificar una transformación profunda y ambivalente en la relación entre juventud y tecnología. Por un lado, estas dinámicas ofrecen oportunidades inéditas para la creatividad, el aprendizaje, la empatía y la participación social. Por otro, presentan desafíos urgentes en términos de salud mental, pensamiento crítico, identidad y derechos digitales.
La inteligencia artificial ha reformulado la forma en que los adolescentes acceden a la información, interactúan con contenidos y construyen su visión del mundo, con efectos tanto enriquecedores como problemáticos. La realidad virtual, por su parte, amplía las posibilidades de socialización y exploración emocional, pero también puede generar distorsiones de la realidad y riesgos de aislamiento. Finalmente, la tendencia emergente hacia la autorregulación digital demuestra una capacidad creciente de las juventudes para ejercer su autonomía, reconocer sus límites y cuidar activamente de su bienestar.
Ante este escenario, se vuelve imperativo promover una educación digital crítica, ética y consciente que no se limite al aprendizaje técnico del uso de dispositivos, sino que aborde las dimensiones afectivas, sociales, culturales y políticas del mundo digital. Esta educación debe capacitar a adolescentes para comprender cómo funcionan los algoritmos, cómo proteger sus datos personales, cómo identificar información falsa o manipuladora, y cómo habitar los entornos digitales con responsabilidad, creatividad y sentido ético.
En este contexto, las fundaciones como FEPROPAZ tienen un papel esencial en la formación integral de adolescentes frente al avance tecnológico. Su labor no solo complementa la educación formal, sino que ofrece un enfoque comunitario, inclusivo y transformador, desde el cual se pueden impulsar procesos de alfabetización digital, acompañamiento emocional, reflexión crítica y participación juvenil. A través de iniciativas pedagógicas, artísticas, investigativas y territoriales, FeProPaz se posiciona como un actor clave en la construcción de una ciudadanía digital que sea consciente de sus derechos, responsable de sus decisiones y capaz de imaginar futuros tecnológicos más justos, sostenibles y humanos.
En definitiva, entender las tecnologías no solo como herramientas, sino como entornos de vida, exige un compromiso profundo con la formación de adolescentes autónomos, empáticos y resilientes. Solo así podremos construir, colectivamente, una ecodigitalidad que no deje a nadie atrás y que garantice el desarrollo pleno de las juventudes en el siglo XXI.
Escrito por: Nuestra Directora
1 Comment
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